Nos quieren tontos y obedientes

Puede que hayas oído la noticia. A partir del próximo curso, se prohíben los móviles en los colegios de Madrid. Y no solo los móviles, sino también las tabletas y otros dispositivos electrónicos. La excusa oficial es el bullying, esa lacra que, por supuesto, hay que combatir. Pero déjame decirte algo: esto es solo una cortina de humo. Una solución fácil y cobarde para un problema mucho más profundo.

Están tomando decisiones que nos afectan a todos, que van a marcar el futuro de nuestros hijos y, por extensión, el futuro de este país. Y lo están haciendo desde la más absoluta ignorancia. Nos quieren dóciles, nos quieren analfabetos digitales. Nos quieren tontos. Y lo peor de todo es que puede que lo consigan.

La cortina de humo del bullying y la prohibición de los móviles

Vamos a empezar por el principio. La noticia salta y todo el mundo se centra en la prohibición de los teléfonos móviles. El supuesto gran enemigo a batir. ¿Y sabes qué? En parte, estoy de acuerdo.

Una medida que aplaudo (con matices)

Sí, has leído bien. Me parece perfecto que un niño de menos de 12 años no tenga un móvil. A esas edades, no lo necesitan para nada. Y entre los 12 y los 16, el control parental debería ser la norma, no la excepción. A partir de los 16, se supone que ya tienes una madurez, una capacidad para entender que tus acciones tienen consecuencias.

Así que sí, celebro que se ponga un coto. El problema es que se quedan en la superficie. Prohibir el móvil en horario escolar por el bullying es como intentar vaciar el océano con un cubo. Es un parche que no soluciona nada.

El verdadero problema no está en el móvil, está en casa

¿Crees que la mayoría de los chavales son acosadores? Por supuesto que no. La gran mayoría son gente normal. El problema del bullying es una cuestión de educación, no de tecnología. El acoso ha existido siempre, mucho antes de que tuviéramos un smartphone en el bolsillo.

La clave está en educar. En educar a los hijos y, sobre todo, en educar a los padres. Porque aquí es donde empieza el verdadero drama. Vemos a padres dándoles el móvil a sus hijos con dos años para que no molesten. Creando adictos desde la cuna. Y luego nos sorprendemos de que se convierta en un arma.

No, el problema no es el móvil. El problema es la incultura digital de los padres. Esa es la verdadera pandemia. Y en lugar de «culturizar», de formar, de dar herramientas, ¿qué hacemos? Prohibimos. La solución del vago, del incompetente.

El error garrafal que nos condena al atraso: prohibir las herramientas del futuro

Pero aquí viene lo más grave. Lo que de verdad me revuelve el estómago. Porque la noticia original, la que parece que ha pasado más desapercibida, no hablaba solo de móviles. Hablaba de prohibir también las tabletas. Se llegó a decir que varios alumnos tendrían que compartir un solo ordenador. ¿Estamos locos?

¿Volvemos a la EGB? El peligro de un sistema educativo anclado en el pasado

Mientras el mundo avanza a una velocidad de vértigo, mientras otros países como China están a la vanguardia tecnológica, aquí decidimos volver a los años 80. A la tiza y la pizarra. A un sistema educativo obsoleto que ya no prepara para el mundo real.

Me preocupa, y mucho, que estemos dando pasos de gigante hacia atrás. Nos estamos quedando rezagados, obsoletos. Y todo por no querer hacer las cosas bien, por no querer afrontar el reto de la educación digital de una vez por todas.

La cruda realidad: estamos criando a los «burros de carga» del siglo XXI

¿Qué estamos creando con estas medidas? Estamos criando una generación de analfabetos digitales. Personas que no sabrán desenvolverse en un mundo que ya es, y será cada vez más, tecnológico. Personas que, como mucho, sabrán usar cuatro aplicaciones básicas en su teléfono, pero que no tendrán ni la más remota idea de cómo funciona el mundo digital por dentro.

Estamos criando a los «burros de carga» del futuro. Mano de obra barata y poco cualificada que será fácilmente reemplazable. Estamos cortando las alas a nuestros jóvenes, negándoles el acceso a las herramientas que necesitan para competir, para crear, para innovar.

Y si crees que exagero, mira a tu alrededor. ¿Cuántos adultos conoces que son auténticos inútiles digitales? Que no saben hacer nada que se salga de lo más básico. Ahora imagina eso multiplicado por toda una generación. El resultado es un país atrofiado, un desierto en materia de investigación y desarrollo. Un lugar del que todo el que tenga talento y dos dedos de frente querrá escapar.

¿Quién toma estas decisiones? La incultura digital al poder

Y llegamos a la madre del cordero. ¿Quiénes son los genios que están detrás de estas decisiones? Son los mismos que luego bien que usan la tecnología para sus propios intereses.

La hipocresía de los que nos gobiernan

Son auténticos «incultos digitales». Personas que no entienden la realidad en la que viven, pero que se atreven a legislar sobre ella. Eso sí, para recaudar impuestos, para ponerte multas, para tenernos controlados, para eso sí que son expertos en usar la tecnología. Pero para informar, para educar, para hacer un país mejor… para eso no hay tiempo ni presupuesto.

Es una hipocresía sangrante. Te prohíben las herramientas del conocimiento mientras ellos las usan para mantener su poder. Te dicen que es por tu bien, por tu seguridad. Mentira. Es por su comodidad, por su incompetencia.

No es prohibir, es educar: la única salida a este despropósito

La solución no es, ni será nunca, la prohibición. La solución es la educación. Enseñar a usar la tecnología de forma crítica, responsable y creativa. Dar a los jóvenes las herramientas para que entiendan el mundo en el que viven y para que puedan construir uno mejor.

Necesitamos una revolución educativa. Una que ponga la cultura digital en el centro. Una que forme a profesores, a padres y a alumnos. Una que entienda que la tecnología no es el enemigo, sino el mayor aliado que hemos tenido jamás para el progreso.

Tu opinión importa más de lo que crees

Sé que todo esto puede sonar descorazonador. Pero no podemos quedarnos de brazos cruzados. No podemos dejar que nos conviertan en una sociedad de analfabetos sumisos.

Tu opinión cuenta. Habla de esto. Compártelo. No dejes que silencien el debate. Porque nos estamos jugando mucho más que el uso de un móvil en el recreo. Nos estamos jugando nuestro futuro.